En una noche oscura iluminada solo por los faros de los autos en la carretera, la ví y mi morboso “viboreo” la fisgoneó completita. Era atractiva, de una rara belleza. Todos los hombres la inspeccionaban con curiosidad y fascinación, algunos con deseo. Esperaba en la parada de autobús con su bolso de lentejuelas que brillaba en la oscuridad y su cigarrillo que creaba un halo de misterio alrededor de ella.
Era de la vida “fácil”, lo supe por su peinado voluminoso atrapado en los ochentas, su top de lycra pegado a su rollizo cuerpo y su micro minifalda, de esas que deja poco a la imaginación. Tenía unas piernas, largas y estilizadas, y unos bien formados senos, que seguramente eran falsos para su edad, pero que hacían notar la carencia de cintura en su abdomen; aun así era guapa (Yo si soy bella natural jajaja). Sus pestañas postizas, su labial rojo encendido y su rubor exagerado en unos pómulos marcados le daban el aire de reina de la noche que premeditadamente buscaba para conseguir su clientela cautiva.
Mi ociosa imaginación de autopista se llenó creando historias acerca de su vida de día, si tenía hijos que mantener, si tenía una carrera, si lo hacía por dinero o por placer y mi mente continuo su prodigioso vuelo creando miles de historias. Lo que podía asegurar era que sus clientes más asiduos eran traileros, por las historias que alguna vez llegue a escuchar de esas mujeres de carretera y por supuesto el lugar donde esperaba balanceándose sobre sus piernas.
Lo cierto es que poco a poco fui atando cabos, del lado de la carretera donde se encontraba “trabajando”, su figura alta, rolliza y artificialmente bella distinta al resto de las prostitutas camioneras que había visto antes, en el auto a esas horas de la noche de regreso a casa, morenas, gorditas y chaparritas… lindas pero de otra manera. Su parado era distinto, le incomodaban los tacones y abría las piernas para sostenerse en ellos, y por lo tanto su falda subía de una manera extraña… y caí en la cuenta soltando una carcajada descomunal que resonó en la noche solitaria: Esa belleza de carretera tan diferente a las otras, esa mujer que por unos segundos llegué a admirar, esa atractiva mujerona…
¡Resultaba ser un cabrón!